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23 febrero 2006

RENT


Tres minutos. Tan solo los tres primeros minutos de la proyección de Rent alcanzan para que el precio de la entrada sea retribuido. Tres minutos es la duración de Estaciones de amor, el tema que abre y que cantan los ocho protagonistas del musical, ganador del Pulitzer y el Tony, en Broadway, y que de la mano de Chris Columbus (sí, el mismo de las dos primeras Harry Potter) adquiere un color blue, como los blues más tristes.

Como si los personajes de Fama, de Alan Parker, hubiesen crecido y, de golpe, se encuentran con que todo aquello con lo que soñaban en la escuela de artes haya sido eso: simplemente un sueño.
Rent es una película que habla de las desesperanzas de los jóvenes de veintipico en la América de los '90. Linealmente, narra las historias cruzadas, de vida, de ocho bohemios en el East Village neoyorquino. Uno de ellos, Ben, se convirtió en yuppie y ahora que forma parte del establishment amenaza con echar a Mark —el relator— y a Roger del estudio que antes compartían, y allí erigir un ciberespacio con otros magnates. Ben desea cobrarles una renta —de allí el título—, pero la película habla de otro tipo de alquiler.
"El amor no se compra, se renta", le canta Collins a Angel, un travesti enfermo de sida del que se ha enamorado. La idea es que el corazón se alquila, pero de por vida, una vez que se ha encontrado esa persona a la que amar, por la que vivir. Sólo hay que confiar en el deseo que uno siente: "Ríndete al amor o vive con miedo", se escucha.

O cómo hacer para no vivir una vida vacía.Roger escucha "Te vas arrepentir", de boca de Mark, quien sabe lo que es que lo dejen por otro —en su caso por otra—. No hay que desperdiciar las oportunidades. "Voy a sobrevivir", le espeta el rubio, que no quiere saber nada con Mimi.
Es que Rent, la obra de Jonathan Larson, se basa libremente en La Bohème, de Puccini. El papel de Mimi, aquí interpretado por Rosario Dawson (La ciudad del pecado) ya no sufre de tuberculosis sino de sida. Ambientada entre las Nochebuenas de 1989 y 1990, ella y varios bohemios tienen la enfermedad, se aman y abandonan, cambian de pareja: traición, compasión, principios, ideales y el valor de la palabra tomada, todo combinado con canciones de distintos ritmos en una Nueva York particularmente oscura y fría.

El mensaje de Larson llega en crudo a la platea: los personajes están bien, bien golpeados, y curar cicatrices, como canta Mimi, es lo primero que les queda antes de proyectar al futuro un amor que esperan y creen encontrar de inmediato.

Musicalmente brillante, gloriosamente cantada y actuada, Rent es algo así como la exaltación del amor y la amistad, pero con un dejo de dolor y melancolía.

Se sabe: saborear la vida es el único placer que no cuesta nada. Bueno, la entrada a Rent no es gratuita, pero bien vale la pena pagarla.