05 febrero 2006

Orgullo y Prejuicio : Adaptación llena de vida


De las innumerables adaptaciones del clásico relato probablemente ninguna haya podido superar la profundidad de la miniserie de la BBC de 1995. Pero con el límite de algo más de dos horas, esta versión de Orgullo y prejuicio es un placer de principio a fin. Tanto por las excelencias del elenco como por la sabiduría de ciertos cortes que deben atribuirse oficialmente al guión de Deborah Moggach como a la colaboración oficiosa de Emma Thompson en igual función.

Así, la novela de 1813 escrita por Jane Austen aparece en pantalla llena de vida con sus giros y sutilezas aderezando la trama, básicamente la odisea de los Bennet, un matrimonio de la burguesía campesina con mejor nombre que fortuna, y deseosos, sobre todo la madre, de casar a sus cinco hijas.

La mayor y la más bella de las cinco, Jane, parece que prontamente encontrará marido en Bingley, aristócrata bondadoso y algo torpe, quien la ama y es correspondido. Y la verdadera protagonista y segunda de las hermanas, la inteligente y aguda Elizabeth, siente de manera contradictoria con respecto a otro ricachón, Darcy, que la atrae y la repele a la vez.

Ambas promesas de felicidad habrán de troncharse, inicialmente. Hasta que todos y todas crezcan intelectual y emocionalmente por encima de orgullos y prejuicios, claves de una novela que ejemplifica como pocas la relación humana y su capacidad de cambios y aprendizaje. Y, en el mejor de los comportamientos posibles, aquel que aprovecha la comprensión.

Cumbre del espíritu romántico y por ello bienamada desde hace casi dos siglos, Orgullo y prejuicio es magnífica en la reconstrucción de época, escenarios y vestuarios, casi pictórica en ciertos paisajes de la campiña, jocunda, alegre, en algún baile grupal donde el diálogo de parejas se interrumpe y reanuda a medida que la danza lo permite.

El nivel de la interpretación es perfecto en la mayoría del elenco de este filme dirigido por Joe Wright, aún en el breve secundario de Judi Dench como una dama hosca y mandona. O en el matrimonio de los Bennet a cargo de Donald Sutherland y Brenda Blethyn. O los matices que extrae Matthew MacFadyen para Darcy, distante y escasamente simpático. Pero sobre todo, por el peso de su personaje y la manera en que lo resuelve, los lauros se los lleva la nominada al Oscar Keira Knightley, hermosa y decidida como Elizabeth, esa heroína perpetua de temple y carácter, de sensibilidad a flor de piel. La mujer hecha Orgullo y prejuicio, un filme que hay que disfrutar de principio a fin