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16 febrero 2006

Buenas noches y Buena Suerte


En este alegato vibrante formulado con admirable rigor y sin rodeos y expuesto con la intensidad y la urgencia del tiempo presente, George Clooney echa una mirada al pasado para hablar de hoy. El escenario es (como en su primer film, "Confesiones de una mente peligrosa") la televisión, ambiente que conoció desde la infancia por razones familiares y que le dio experiencia actoral y celebridad. El tiempo: el de la cacería de brujas emprendida en nombre del patriotismo anticomunista por el senador Joseph McCarthy, y su consiguiente atmósfera de paranoia, sospechas y temor. El tema: la relación entre el poder, la verdad, los medios de comunicación, la libertad de expresión y la responsabilidad. El protagonista: Edward R. Murrow, el periodista de la CBS que desde su programa "See it Now" levantó su voz honesta y valiente contra los atropellos de McCarthy cada vez que el obstinado fanatismo del legislador traspuso los delgados límites entre la investigación y la persecución.

El blanco y negro contrastado de las imágenes y los ambientes cargados de nerviosa tensión, música de jazz y humo de cigarrillos no responden sólo al propósito de una evocación nostálgica. Desde el principio, con el elocuente discurso de Murrow ante ejecutivos de emisoras que lo oyen hablar de una televisión alérgica a la información desagradable o perturbadora y empeñada en distraer, engañar, divertir y aislar al público, está claro que Clooney apunta a la realidad actual. En la televisión y fuera de ella.

La historia de Murrow, que estuvo frente a los micrófonos de la CBS desde la época de la Depresión y se hizo famoso con sus transmisiones durante los ataques a Londres en la Segunda Guerra, encuentra claras resonancias en un tiempo en que en nombre de las políticas de seguridad se avanza sobre las libertades individuales y otras garantías, y no son pocos los medios que disimulan su complaciente distracción bajo el alboroto de los chismes, el falso jolgorio de los ciclos de entretenimiento y el sensacionalismo más barato.

El homenaje al periodista que libró una frontal y decidida batalla contra McCarthy y es una leyenda en los Estados Unidos encierra una afirmación -la irrenunciable necesidad de una prensa independiente- y quizá también un interrogante: ¿existe hoy una voz tan libre, comprometida y valiente como la de Murrow?

Un director que se afirma

Clooney se afirma como un realizador con ideas y lenguaje propios. Desechada la idea de confiar a un actor el papel de McCarthy y decidido a utilizar material de archivo con declaraciones públicas del tenaz perseguidor, concibió su film de manera que tales fragmentos se integraran formalmente y le permitieran, con la ayuda invalorable del editor Stephen Mirrione, el fotógrafo Robert Elswit y el diseñador de producción Jim Bissel, desarrollar la gesta de Murrow en presente, con el nervio y la inmediatez de un documento vivo.

El film se carga así de una intensidad que Clooney se encarga de aligerar con los bellos intermedios musicales a cargo de Diane Reeves (¿homenaje a su tía Rosemary?) y con tramos del otro show de Murrow, "Person to Person", dedicado a las celebridades. Clooney se dirige a un espectador avisado y atento: no compone un thriller político-periodístico, sino un poderoso alegato que toma su fuerza tanto de la propia presencia de McCarthy como de la solidez de sus actores, con el excelente David Strathairn (Murrow) a la cabeza y él mismo como su productor y compinche. Entre los demás descuella la autoridad de Frank Langella como el propietario de la CBS