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10 febrero 2006

Peliculas cada vez mas largas


"El nuevo mundo", el poético film de Terrence Malick se exhibió en diciembre en Nueva York y Los Angeles. Pero esa película ya es obsoleta. La versión de "El nuevo mundo" que se estrenó en los Estados Unidos a fines de enero (la fecha de estreno en nuestro país es en el mes de mayo) tiene una extensión de dos horas y cuarto, quince minutos menos que su anterior encarnación (cuyo breve paso por los cines le permitió calificar para los premios Oscar) y bastante más breve que la edición de tres horas que Malick prepara para su lanzamiento en DVD.

El original es una suerte de "El nuevo mundo 1.0". Terrence Malick no da entrevistas, pero Sarah Green, la productora de la película, sí lo hace. Como le ocurre a todo el mundo -dijo- "Terry se impacienta en el cine" y, mientras preparaba el DVD de "El nuevo mundo", descubrió que el film que se apresuró a entregar a los estudios New Line a tiempo para los Oscar, sería mejor si se ajustara un poco. La sensata postura de que la audiencia puede tener una mejor experiencia en el cine si la película es más concisa es infrecuente entre los directores, especialmente en una temporada como ésta, en la que algunas de las obras más celebradas son innecesariamente extensas.

Estos films alcanzan su exagerada duración por distintas razones: tanto en el caso de la primera versión del film de Malick como de "Secreto en la montaña" (dos horas y 14 minutos), porque tardan demasiado tiempo en dar comienzo a la acción. Si la audiencia ya sabe que los colonos ingleses llegarán al nuevo mundo y que los cowboys son homosexuales, la película no debería tomarse quince minutos para contarlo. Si tanto "King Kong", la superproducción de Peter Jackson (de tres horas y 7 minutos) como la ultraseria "Munich", de Steven Spielberg (de dos horas y 44 minutos) parecen más flojas de lo que deberían, es probablemente porque sus directores tienen la capacidad de hacer lo que quieran ¿Quién les va a decir que no?

Las películas no son todo argumento, por supuesto, y una obra quizá necesite tiempo para presentar a sus personajes y desarrollarlos. Pero, por estos días, los espectadores llegan al cine tan atiborrados de información sobre lo que van a ver, que esas escenas de presentación se vuelven casi redundantes.

Una película de dos horas y 14 minutos de duración no es algo inusual, pero "Secreto en la montaña" pasa buena parte de su metraje mostrando tantas ovejas e imágenes del rancho que uno comienza a preguntarse si Jake Gyllenhall y Heath Ledger encontrarán el tiempo necesario para enamorarse. La película sólo comienza después de que lo hace su romance, en el minuto treinta. Hay una anomalía detrás de estas películas eternas: mientras la capacidad de mantener la atención del público es cada vez más breve gracias a la fragmentación de la computadora y la TV, las películas se vuelven cada vez más largas, esperando competir con estos medios hogareños creando un "acontecimiento" cinematográfico.

La enorme expectativa que rodeó el estreno de "King Kong" fue aún mayor cuando se supo que su duración se había extendido hasta las tres horas. No es que haya secuencias enteras que deban cortarse de "King Kong" (bueno, quizás aquella en la que patina en el Central Park), pero cada una de las escenas importantes -las de los dinosaurios, las arañas, esos gusanos dientudos que parecen escapados de "Alien"- tienen minutos de más. Y hay demasiados planos que se detienen amorosamente en la cara y los expresivos ojos de King Kong, señales de un director tan enamorado de sus propios logros visuales como para ser capaz de sacrificar por ellos el ritmo de su película. "Munich", película mucho más efectiva y vigorosa, también tiene un gran comienzo.

Spielberg muestra diestra y rápidamente los asesinatos de los atletas israelíes en las Olimpíadas de 1972 y presenta a los israelíes elegidos para ejecutar la represalia. Pero después de que Avner (Eric Bana) y su equipo comienzan a perseguir a los 11 hombres de su lista, la película se acomoda en un esquema repetitivo: hay ligeras variaciones en la acción, como los lugares en los que se esconden las bombas. A cada rato, la acción se detiene para permitir que los personajes cuestionen tanto la moral como la efectividad de lo que están haciendo. Después de dos horas de esto, los espectadores comienzan a preocuparse de que el film los arrastre por los once nombres de la lista. Spielberg hizo "Munich" rápidamente, y por momentos se nota. Casi pueden verse las costuras en el guión de Tony Kushner y Eric Roth: la parte filosófica y la parte de acción nunca logran formar una unidad. Sus mejores momentos -el cuestionamiento moral del asesinato político, la angustia emocional de Avner- son tan buenas que uno no puede menos que desear que Spielberg hubiera podido hacer una película más comprimida y potente, una que igualara su ambición. En esos casos, la vuelta a la sala de edición al estilo Malick puede terminar siendo índice de inspiración más que de la indulgencia de un director