
Hilary Swank fue la encargada de dar vida en la gran pantalla a Teena Brandom, protagonista de la historia, quien, como Brandom Teena, decide empezar una nueva vida en un pueblo de la América rural haciéndose pasar por lo que siempre sintió ser: un hombre. Todo va bien hasta que un incidente pone de relieve que biológicamente es una mujer, y serán sus propios amigos los que se conviertan en verdugos. El papel le valió el Oscar a la mejor interpretación femenina a la entonces desconocida Hilary Swank, que prácticamente se lo arrebató de las manos a la veterana Annette Bening