
Como en las desternillantes, ácidas y mezquinas Ocho sentencias de muerte (Robert Hamer, 1949) y El quinteto de la muerte (Alexander MacKendrick, 1955), Keeping Mum basa su estructura y su espíritu en una serie de malsanos asesinatos guiados por un alma aparentemente cándida. Russo confirma su poderío gracias a unos personajes trazados con tiralíneas y a una evolución dramática que dirige a sus criaturas hacia un destino muy distinto del marcado en principio para ellos.
Irónica y cruel, la película engancha desde el excelente prólogo. No obstante, la elegante dirección de Niall Johnson no acaba de redondearse por culpa de un par de secuencias en las que tanto Russo como el realizador aprietan demasiado al personaje más peligroso narrativamente, el del playboy americano, interpretado por Patrick Swayze. En las escenas de la conversación telefónica equivocada y en la de la instrucción con el palo de golf, el temible trazo grueso hace acto de aparición dejando de lado la sutileza y la perspicacia. Sin embargo, salvados ese par de escollos, la historia tira hacia delante con locuacidad, suavidad y excelentes interpretaciones.