
Si había algo de intriga en K-Pax —con un fondo tan similar al de Hombre mirando al Sudeste— en Skeleton Key el suspenso se acrecienta y hasta un sentimiento de tensión gana al espectador. Caroline (Kate Hudson probándose fuera de la comedia romántica) es una enfermera de Nueva Orleans que cambia de trabajo —"Soy joven, sino ¿cuándo?"— y viaja a una mansión en medio de una plantación y un pantano a cuidar a un anciano con poca vida. Curioso: las anteriores acompañantes renunciaron. Ben (John Hurt) sufrió una apoplejía, casi no se mueve ni habla pero sus ojos indican que se muere por decirle algo. Su esposa, Violet (Gena Rowlands, con su clase acostumbrada) lleva adelante la casona . "No es del Sur, no lo entendería", le dice al abogado (Peter Sarsgaard, de Kinsey), pero finalmente le entrega la llave de huesos del título que abre las puertas de los 30 cuartos, pero no aquélla en el ático que nunca se abrió en más de 40 años. Bah, eso dicen.
Las claves, viendo el filme desde ese sorprendente final hacia el comienzo, están. Hay que saber leer entrelíneas, observar, escuchar, estar atento. Como Caroline cree estarlo al advertir que Violet es una amenaza para Ben.

Softley enseña a mirar donde no se debe. Como pista, vaya que no es lo más aconsejable en esa casa donde no todo, pero sí algo, es lo que parece. La casa está en orden, y eso es lo mejor de este, por momentos, espeluznante filme