
El papá es Greg Kinnear (Mejor... imposible), un hombre que ha creado un programa de siete pasos que enseña a no ser un perdedor, y espera que alguien se lo publique para salir de la bancarrota. La madre (Toni Collette, de Sexto sentido) está algo confundida: su hijo adolescente (Paul Dano) decidió no hablar más, ya que odia a su familia. El hogar se completa con el abuelo (Alan Arkin), que dejó un geriátrico y se droga a escondidas, y el hermano de la madre (Steve Carell, de Virgen a los 40 años), que ha intentado suicidarse porque su pareja gay lo abandonó.

Los directores manejan la sátira sin sobrepasar el límite y si se asoman al absurdo escapan de él con facilidad. Tamaña calidad de perdedores adultos terminan aprendiendo de los más chicos qué es lo importante de la vida.
El filme tiene una sorprendente vuelta dramática. Alguna metáfora demasiado obvia —todos juntos deben empujar la combi para que arranque— no empaña el resultado, avalado por las excelentes actuaciones de todo el elenco. Porque si Kinnear hace a su Richard deliciosamente odiable en su visión encorsetada, Carell y Dano hacen crecer a sus personajes en un final ilusionado y con carga moral incluida.
"Los perdedores son gente que tiene tanto miedo de no ganar, que ni siquiera lo intenta", se dice por allí. Ganadores o perdedores, los Hoover aprenderán rápidamente que la vida no es una sumatoria de concursos, pero que si no están atentos, la misma se les puede escurrir casi sin que se den cuenta. Perderla sería, cómo no, un desperdicio
El filme tiene una sorprendente vuelta dramática. Alguna metáfora demasiado obvia —todos juntos deben empujar la combi para que arranque— no empaña el resultado, avalado por las excelentes actuaciones de todo el elenco. Porque si Kinnear hace a su Richard deliciosamente odiable en su visión encorsetada, Carell y Dano hacen crecer a sus personajes en un final ilusionado y con carga moral incluida.
"Los perdedores son gente que tiene tanto miedo de no ganar, que ni siquiera lo intenta", se dice por allí. Ganadores o perdedores, los Hoover aprenderán rápidamente que la vida no es una sumatoria de concursos, pero que si no están atentos, la misma se les puede escurrir casi sin que se den cuenta. Perderla sería, cómo no, un desperdicio