16 enero 2007

Golden Globe 2007

Dejar a todos contentos. Ese pareció el propósito central de la salomónica repartición de distinciones en los premios Globo de Oro a lo mejor del cine y la TV del año último otorgados anteanoche por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood. Un objetivo que se alcanzó de sobra, dejando como saldo de estos premios un equilibrio que, más allá de perpetuar el clima de cordialidad que impera en sus fiestas, hace difícil encontrar a un gran ganador en esta ceremonia de exactas tres horas de duración e intermitente atractivo.

De hecho, la atomización permitió que se registraran paradojas como la que encarna Babel, el film que llegó a la premiación como gran candidato gracias a la contundencia de sus siete nominaciones. La película ganó el lauro más importante de la noche, mejor película dramática, pero perdió en las seis categorías restantes (incluyendo la de mejor música original, responsabilidad de Gustavo Santaolalla) dándole fuerza a los eternos reclamos de coherencia de los críticos, que se preguntan cómo el mejor film es aquel que no fue ni el mejor dirigido (fue para Martin Scorsese y Los infiltrados , uno de los más ovacionados de la noche) ni el mejor escrito (Peter Morgan, por The Queen ).

Otra extraña consecuencia de lo equilibrado de los premios Globo de Oro de este año tuvo como protagonista a Clint
Eastwood, que perdió en el rubro mejor director contra Scorsese con sus dos nominaciones por las películas La conquista del honor y Cartas de Iwo Jima y luego se llevó un premio como director de la mejor película extranjera, debido a que éste último film -sobre esta batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva japonesa-, no está hablado en inglés. Por el contrario, el mexicano González Iñárritu, ganador con Babel, bromeó con el ahora gobernador Arnold Schwarzenegger, que le entregó el premio a la mejor película con un "Le juro que tengo los papeles en regla" (aunque los extensos comentarios en castellano de la transmisión local hacían muy arduo seguir las presentaciones en el original).

En los rubros actorales de la categoría dramática no hubo lugar para las sorpresas ni paradojas, ya que tanto Forest Whitaker, por su retrato del dictador ugandés Idi Amin Dada en El último rey de Escocia , como Helen Mirren, por The Queen, fueron consagrados como los mejores intérpretes protagónicos del año y ya se perfilan como los candidatos a vencer en los Oscar (cuyas nominaciones se conocerán el próximo martes).

La actriz británica encabezó la oleada de ganadores nacidos de Gran Bretaña y se convirtió en lo más cercano a la estrella de la noche, ya que se alzó con un segundo premio -de los tres a los que estaba nominada-, por su actuación en la miniserie Elizabeth I y comprobó que es capaz de convertirse en la excepción a la regla de la doble nominación, que conspira contra las posibilidades reales de un candidato. Sin ir más lejos, Leonardo DiCaprio se quedó sin premios por sus candidaturas por Diamante de sangre y Los infiltrados , film que sólo se llevó una estatuilla de las seis a las que estaba nominado .

No hubo emoción, sin embargo, sino risas en el largo homenaje a Warren Beatty, que recibió el premio Cecil B. De Mille a la trayectoria. El actor, director y guionista, pronto a cumplir 70 años, aseguró que volverá al cine ("no me queda otra gracias a tipos como éste", dijo, señalando a Eastwood) y devolvió la ocurrente presentación a cargo de Tom Hanks, que destacó su arrojo y compromiso artístico, con un "tengo frascos de crema humectante más viejos que Hanks".

Risas y baile

Sin embargo, fue Soñadoras: Dreamgirls , el musical de Bill Condon protagonizado por Beyoncé Knowles que recorre la historia de un trío con muchos puntos de contacto con The Supremes la que, en los números al menos, fue la máxima ganadora, con tres triunfos: mejor película, mejor actriz de reparto para la debutante Jennifer Hudson y mejor actor de reparto para Eddie Murphy.

En otra decisión sorpresiva, Cars fue considerada la mejor película de animación del año -fue el primer año en el que los Globos de Oro entregan este galardón- mientras que la gran favorita, Happy Feet: el pingüino debió conformarse con la estatuilla a mejor canción original, para "The Song of the Heart", de Prince.

Y, si bien los ganadores en el rubro dramático son los que se llevan la atención de la carrera de los Oscar -poco afectos a la comedia o al musical- fueron los lauros otorgados en este último apartado a Meryl Streep por su composición en El diablo viste a la moda y a Sacha Baron Cohen por la incendiaria sátira Borat los que suscitaron la aprobación unánime de sus pares.

Baron Cohen agradeció a "los miles de norteamericanos que han decidido no hacernos juicio", mientras que Streep cerró su discurso con una inteligente reflexión, sobre todo dada la preferencia de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood por todo lo que implica la meca del cine en sus países de origen: grandes estrellas, grandes temas y grandes títulos. "Aplauden a esta película porque se dio en miles de cines de este país, pero todos los maravillosos films independientes nominados no tuvieron las oportunidades de El diablo viste a la moda . Si la película que quieren ver no está en su cine, exijan que la programen".