
De las cinco películas candidatas, sólo una (Múnich) pertenece a un gran estudio. El resto (Brokeback mountain, Capote, Crash y Buenas noches, y buena suerte) son historias de una América marginal, películas pequeñas para las grandes cifras que suele manejar la poderosa industria. Según todas las quinielas, será Brokeback mountain la probable ganadora. En la televisión se anuncia la ceremonia, pero de momento una extraña calma precede a la noche del domingo.
"Este año no hay grandes estrellas, hay grandes películas", apunta un comentarista. Con más sorna, otro propone una encuesta a pie de calle entre el público. Asegura que la mayoría desconoce los nombres de los actores que se pasearán por la popular alfombra roja, aunque nadie duda de que George Clooney basta para lograr la dosis necesaria de glamour que exige la gran noche de Hollywood.
No deja de ser paradójico que en la América de George Bush surjan cinco películas como las que el domingo competirán por los Oscar. La ceremonia, presentada este año por un humorista radical, el judío Jon Stewart, tendrá una marcada carga política. Stewart, autor de la sátira America, un libro que The New York Times mantuvo durante 49 semanas entre sus best sellers, es conocido por su programa The daily show, un falso informativo que cada día repasa la actualidad.

Pero, además, la película de Ang Lee -un director taiwanés de 51 años que ha sido candidato al Oscar dos veces, por Sensatez y Sensibilidad, en 1995, y por Tigre y dragón, en 2000- se ha convertido en fuente de inagotable inspiración. Desde The New Yorker, que hace unos días recreaba el cartel del filme para una portada dedicada a dos viejos vaqueros y amigos -Bush y su vicepresidente Cheney- a Internet, donde en páginas web como youtube.com, gorillamask.net o dailysixer.com se suceden los vídeos que parodian en clave Brokeback el subtexto gay de infinidad de películas de la historia del cine. El crítico de The New York Times Stephen Holden explica cómo Brokeback mountain desenmascara una corriente homoerótica que subyace en toda la cultura popular americana y que se remonta al mismísimo Huckleberry Finn y su amigo Jim.

Buenas noches, y buena suerte, segunda película de George Clooney (candidato además como mejor actor secundario por otro filme político, Syriana) es hoy "el niño bonito de Hollywood", llega con seis candidaturas y respaldada por la vieja guardia de Hollywood, para los que la herida de la bochornosa caza de brujas del senador Joseph McCarthy jamás se ha cerrado. Según la revista Premiere, Clooney es hoy "el niño bonito de Hollywood": "Modesto, sano, generoso, trabajador y con talento". Además, los actores son un lobby poderoso y numeroso, y la tradición muestra que un actor-director suele recibir el apoyo de sus compañeros. Clooney, de 44 años, ha dirigido una película que mitifica un mundo perdido de periodistas íntegros, un mundo en blanco y negro donde se fuma y bebe sin parar y donde hay hombres capaces de cambiar el mundo sólo con su palabra. Centrada en el primer ataque público desde un medio de comunicación contra McCarthy, Clooney recuerda cómo una de las páginas más terribles de su país y del propio Hollywood topó con un periodista y su fe en la verdad. El declive de McCarthy (que murió en 1957 alcoholizado y paranoico) empezó gracias a Edward R. Murrow, y Clooney, hijo de un periodista, no quería olvidarlo.

Como Crash, Capote es una ópera prima. Aspira a cinco estatuillas y su actor y productor ejecutivo, Philip Seymour Hoffman, es, junto al vaquero Heath Ledger, el favorito como mejor actor. Inspirada en los años en los que Capote investigó y escribió A sangre fría, la película, dirigida por Bennett Miller, también toma como referencia dos libros clave: la biografía de Gerald Clarke de Capote y el genial ensayo de Janet Malcom El periodista y el asesino. Capote, de una inteligencia y un talento superdotado, destructivo y autodestructivo a partes iguales, descubrió con el relato del asesinato de la familia Clutter el cómo una sociedad se define a sí misma a través de sus crímenes más terribles. "Sin duda, Capote tiene sus seguidores", escribe Anne Thompson en Premiere, "pero mientras no se demuestre lo contrario, el cine que hace pensar juega en clara desventaja con el que te agarra por las tripas".