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03 marzo 2006

El desaliento social y político llega a Hollywood


Nadie habla de fiestas. Y el mal tiempo y la lluvia amenazan para el fin de semana. La 78ª edición de los Oscar de Hollywood se presenta llena de incógnitas. Los principales diarios coinciden en que es un año "serio", "extraño", "diferente", "fresco".

De las cinco películas candidatas, sólo una (Múnich) pertenece a un gran estudio. El resto (Brokeback mountain, Capote, Crash y Buenas noches, y buena suerte) son historias de una América marginal, películas pequeñas para las grandes cifras que suele manejar la poderosa industria. Según todas las quinielas, será Brokeback mountain la probable ganadora. En la televisión se anuncia la ceremonia, pero de momento una extraña calma precede a la noche del domingo.

"Este año no hay grandes estrellas, hay grandes películas", apunta un comentarista. Con más sorna, otro propone una encuesta a pie de calle entre el público. Asegura que la mayoría desconoce los nombres de los actores que se pasearán por la popular alfombra roja, aunque nadie duda de que George Clooney basta para lograr la dosis necesaria de glamour que exige la gran noche de Hollywood.

No deja de ser paradójico que en la América de George Bush surjan cinco películas como las que el domingo competirán por los Oscar. La ceremonia, presentada este año por un humorista radical, el judío Jon Stewart, tendrá una marcada carga política. Stewart, autor de la sátira America, un libro que The New York Times mantuvo durante 49 semanas entre sus best sellers, es conocido por su programa The daily show, un falso informativo que cada día repasa la actualidad.

Con ocho candidaturas y una brillante campaña mediática, Brokeback mountain es, según todos los barómetros, la favorita. La historia de amor entre dos vaqueros que encuentran el paraíso en las verdes praderas de Wyoming, para luego perderlo -o abandonarlo- por el miedo a una sociedad que les niega, ha logrado llevar a un terreno hasta hoy inimaginable la iconografía de un género tan indefinible como apasionante, el western. El eco de este filme es tan grande que anteayer Los Angeles Times dedicaba una página a lo que llama "el efecto Brokeback". Un efecto que va de las pasarelas de Milán (hace unas semanas, Valentino sacaba en su desfile para la próxima temporada a dos vaqueros desfilando de la mano) a las universidades estadounidenses, donde en pocos meses se multiplicaron las tesis que diseccionan las claves del filme.

Pero, además, la película de Ang Lee -un director taiwanés de 51 años que ha sido candidato al Oscar dos veces, por Sensatez y Sensibilidad, en 1995, y por Tigre y dragón, en 2000- se ha convertido en fuente de inagotable inspiración. Desde The New Yorker, que hace unos días recreaba el cartel del filme para una portada dedicada a dos viejos vaqueros y amigos -Bush y su vicepresidente Cheney- a Internet, donde en páginas web como youtube.com, gorillamask.net o dailysixer.com se suceden los vídeos que parodian en clave Brokeback el subtexto gay de infinidad de películas de la historia del cine. El crítico de The New York Times Stephen Holden explica cómo Brokeback mountain desenmascara una corriente homoerótica que subyace en toda la cultura popular americana y que se remonta al mismísimo Huckleberry Finn y su amigo Jim.

A pesar de ser la película más grande (en presupuesto y en nombre) de las nominadas, Múnich (con cinco candidaturas) parece pasar de puntillas en esta nueva edición de los premios. Es la sexta candidatura como mejor director de Steven Spielberg. A sus 59 años y con dos oscars como director (La lista de Schindler, en 1993, y Salvando al soldado Ryan, en 1998), Spielberg ha divido a la crítica de su país con su nuevo trabajo. Los malos resultados en la taquilla del filme se explican, segun la revista Variety, por la "ambigüedad" de su mensaje. "Y la ambigüedad no mueve ni a las masas ni a la Academia", añaden. En todas las quinielas, Capote y Múnich aparecen en último lugar. Les achacan un curioso defecto: ser demasiado "intelectuales".

Buenas noches, y buena suerte, segunda película de George Clooney (candidato además como mejor actor secundario por otro filme político, Syriana) es hoy "el niño bonito de Hollywood", llega con seis candidaturas y respaldada por la vieja guardia de Hollywood, para los que la herida de la bochornosa caza de brujas del senador Joseph McCarthy jamás se ha cerrado. Según la revista Premiere, Clooney es hoy "el niño bonito de Hollywood": "Modesto, sano, generoso, trabajador y con talento". Además, los actores son un lobby poderoso y numeroso, y la tradición muestra que un actor-director suele recibir el apoyo de sus compañeros. Clooney, de 44 años, ha dirigido una película que mitifica un mundo perdido de periodistas íntegros, un mundo en blanco y negro donde se fuma y bebe sin parar y donde hay hombres capaces de cambiar el mundo sólo con su palabra. Centrada en el primer ataque público desde un medio de comunicación contra McCarthy, Clooney recuerda cómo una de las páginas más terribles de su país y del propio Hollywood topó con un periodista y su fe en la verdad. El declive de McCarthy (que murió en 1957 alcoholizado y paranoico) empezó gracias a Edward R. Murrow, y Clooney, hijo de un periodista, no quería olvidarlo.

Con seis candidaturas, Crash, la ópera prima del guionista Paul Haggis, también opta al Oscar a la mejor película. La pelea que mantienen sus seis productores, entre ellos y con la Academia, la reflejaban ayer los principales diarios. Según las normas, los seis no podrían subir al escenario del Kodak Theatre, y ahora se disputan cuál ha puesto más o menos dinero. Las contradicciones y patologías de una sociedad racista e hipócrita centran las historias cruzadas del filme. Haggis escribió su historia después de que le atracaran en Los Ángeles y le robaran el coche. La violencia que se respira en una ciudad tan opulenta como mísera late en todo el filme. Haggis, que sufrió un ataque al corazón durante el rodaje, lo filmó en 34 días.

Como Crash, Capote es una ópera prima. Aspira a cinco estatuillas y su actor y productor ejecutivo, Philip Seymour Hoffman, es, junto al vaquero Heath Ledger, el favorito como mejor actor. Inspirada en los años en los que Capote investigó y escribió A sangre fría, la película, dirigida por Bennett Miller, también toma como referencia dos libros clave: la biografía de Gerald Clarke de Capote y el genial ensayo de Janet Malcom El periodista y el asesino. Capote, de una inteligencia y un talento superdotado, destructivo y autodestructivo a partes iguales, descubrió con el relato del asesinato de la familia Clutter el cómo una sociedad se define a sí misma a través de sus crímenes más terribles. "Sin duda, Capote tiene sus seguidores", escribe Anne Thompson en Premiere, "pero mientras no se demuestre lo contrario, el cine que hace pensar juega en clara desventaja con el que te agarra por las tripas".