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22 setiembre 2009

Diez años sin George C. Scott, primer actor que rechazó un Oscar

George C. Scott se alistó en la Marina estadounidense en 1945, poco antes de que la bomba atómica desfigurase el rostro de la humanidad. No llegó a entrar en combate y fue destinado al cementerio de Arlington, donde cada día aterrizaban los cadáveres de jóvenes soldados asesinados en Europa y el Pacífico. Scott cayó en depresión y se sumergió en manantiales de alcohol. La imagen que en aquella época le devolvía el espejo era tan desoladora que Scott se interesó por la interpretación, como medio para huir de sí mismo. Ese fue el inicio de una carrera admirable y de cuyo epílogo se cumplen hoy 10 años.

Scott moría un 22 de septiembre, legando una filmografía radiante y una biografía plagada de tinieblas. "Me convertí en actor para escapar de mi propia personalidad. Nunca me ha costado empatizar con un personaje porque no me aprecio demasiado a mí mismo", aseveró en una ocasión el actor.

El cine, la televisión o el teatro fueron un oasis en ese desierto de resentimiento que confinaba a Scott y su espíritu de escritor frustrado ("Dejé de leer novelas cuando dejé de intentar escribirlas"). En sus primeras intervenciones en la gran pantalla compartió escenas con iconos como Gary Cooper ('El árbol del ahorcado'), Paul Newman ('El buscavidas') o Kirk Douglas ('El último de la lista').

Primer actor en rechazar un Oscar

Sin embargo, fue Stanley Kubrick quien le ofreció su primer papel inolvidable: el delirante General Buck Turgidson de '¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú'. La excelsa interpretación de Scott en este filme sería el gran hito de su carrera si 'Patton' no se hubiese cruzado en su camino.

Rod Steiger, Lee Marvin, Robert Mitchum y Burt Lancaster declinaron meterse en la piel del famoso héroe de la Segunda Guerra Mundial. Scott convenció a los productores por encima de John Wayne, y encarnó magistralmente a aquel general belicoso y provocador. Su retrato de Patton cautivó a la Academia y ganó el Oscar a mejor actor en 1971. Scott rechazó la estatuilla, anticipándose a Marlon Brando como el primer actor en escupir su desdén por el mayor fetiche hollywoodiense. "La ceremonia de los Oscar es un desfile de carne", sentenció Scott, que no acudió a la gala aduciendo que a la misma hora emitían un partido de hockey por televisión.

Ese puñetazo en la probóscide de la industria no hizo mella en la carrera de Scott, que incluso recibió otra nominación al Oscar al año siguiente, por su papel en 'Anatomía de un hospital'. Por supuesto, esta vez no ganó.

Cinco matrimonios e infame trato a Ava Gardner

Scott siempre receló de los galardones y los halagos, porque "cuando te das cuenta de que lo disfrutas, empiezas a aborrecerte a ti mismo". Declaraciones como esta delataban el espíritu maltrecho de un hombre a veces sobrado de motivos para odiarse. Scott propinó al menos dos brutales palizas a Ava Gardner durante su breve romance con la actriz.

Las mujeres nunca fueron el punto fuerte de Scott. No cabe otra interpretación ante sus cuatro divorcios, dos de ellos de una misma dama (hombre, piedra, tropezar, bis). Su quinto matrimonio, con la actriz Trisha Van Devere, duró hasta la muerte de Scott, aunque la pareja ya estaba separada por entonces.

Entre boda y boda, Scott ahuyentaba sus fantasmas labrándose una distinguida carrera interpretativa. Sus éxitos en Broadway convivían con películas como 'Hindenburg', 'Al final de la escalera' o 'Taps', y hacia el final su vida destacó por su presencia en ambiciosos telefilmes. Su talento iluminaba cualquier formato, espoleado por la urgencia de ser otra persona. Alguien distinto. Irreal.