
Debido a que KAOS, el malvado sindicato del crimen, dio con la identidad de varios agentes de CONTROL, al Jefe (Alan Arkin) no le queda más remedio que promover a Maxwell Smart (Steve Carell) de analista a agente secreto, y convertirlo así en el temible operario del recontraespionaje. Y Max, que siempre soñó con unir fuerzas con el agente 23 ( Dwayne Johnson, hasta hace poco también conocido como The Rock), debe acompañar a la 99 (Anne Hathaway, cuya diferencia de edad con Carell hace pensar más en una relación filiar que de pareja, pero vaya y pase) e ir tras el maléfico Siegfried (Terence Stamp, que no logra hacer olvidar al original).
Lo primero que vale decir es que Carell es un gran comediante, que puede pasar por cómico, o lograr enormes momentos de hilaridad desde su gestualidad, y que no trató de parecerse al agente que creó Don Adams. Maxwell, el personaje, tiene en sí mismo toda esa tipología de ingenuo pero avivado, de inútil pero voluntarioso, de sagaz pero despistado. Carell le dio su propio color.

También, para los que guardan a Max en un lugar de su corazón, es cierto que el zapatófono era original en los '60, pero el celular lo ha vuelto vetusto. Los gadgets son lo de menos: Carell compone a un delirante Max, que se golpea, cae desde un avión, comete disparates y tiene las muletillas que todo fanático espera de él. La gracia del actor es indiscutible, y si bien la presentación del personaje es lo mejor de la proyección -y en la última media hora el ritmo algo decae-, Superagente 86 tiene todo para pasar un rato agradable, como decía cierto personaje, sanamente y en familia...