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09 abril 2010

El Secreto de sus ojos

Juan José Campanella, junto a Marcelo Piñeyro y el fallecido Fabián Bielinsky, deben ser los realizadores argentinos que más y mejor se nutrieron del cine clásico estadounidense (Capra, Ford, Wilder). Y no sólo demostraron ser eruditos: supieron adaptarlo a la idiosincrasia local.

Con
El secreto de sus ojos el director de El hijo de la novia va a sorprender a más de un espectador. Se alejó del costumbrismo de Luna de Avellaneda y, como embebido del suspenso de los trabajos que suele ejercer en la TV estadounidense (House, La ley y el orden) alumbró un filme que combina a la perfección film noir, drama romántico, thriller, su acostumbrado humor y hasta el costado histórico, político y social.

El director adaptó junto al autor
Eduardo Sacheri la novela La pregunta de sus ojos, pero la cambió: el personaje femenino (Irene) tiene más peso y afectó resoluciones de algunas situaciones

Espósito (cuarta colaboración de
Ricardo Darín con Campanella) trabaja en un Juzgado en lo correccional de instrucción en la Capital, cuando por 1974 debe investigar la violación y asesinato de una joven. El marido, Morales (Pablo Rago) está hundido en la desesperación -tiene sus "ojos en estado de amor puro"-, espera que atrapen al criminal y le den cadena perpetua. Espósito trabaja con Sandoval (Guillermo Francella) y su superior es la doctora Irene (Soledad Villamil), de novia y comprometida, y de otra clase social, de quien está perdidamente enamorado. Cualquier parecido con lo que siente Morales no es pura coincidencia.

La acción va y viene de los '70 a 25 años más adelante, cuando Espósito, ya jubilado, desee escribir una novela sobre "la causa de Morales" y renueve la investigación. La pasión está en el fondo de todo.

Campanella es uno de los mejores dialoguistas del cine argentino, y sabe resumir el sentimiento de sus personajes. Que si conmueven y logran identificación es porque son gente común. Gente como uno. "Era una chica divina, qué culpa tenía ella si no la pude querer", "Y sí, qué quiere que le diga, esta gente la Justicia se la pasa por el culo" (en pleno lopezrreguismo), o "No piense más... (Para) no tener mil pasados y ningún futuro" son frases grabadas a fuego en la película.

Campanella también es de los pocos que sabe dialogar fluido con el público. Haga comedia, cine costumbrista o drama. A los remates de sus líneas, El secreto de sus ojos le agrega momentos de auténtico placer: prepárense cuando vean el estadio de Huracán desde el aire para disfrutar un plano secuencia de 5 minutos exactos, que entra y sale del campo de juego y se mete por los rincones del Ducó; y, esencialmente, la escena del final.

Gran director de actores -hasta los secundarios se lucen-, a las habituales excelencias de
Darín y Villamil, que son el corazón del filme, se suman un Francella convincente en un papel diferente y un Rago que aquí es una revelación.

"¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?", se pregunta Espósito. La respuesta correcta, en
El secreto de sus ojos