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10 abril 2010

Arrastrame al Infierno : El precio de la ambición

Debe ser más difícil de lo que parece. Uno ve Arrástrame al infierno, que parece una simple y efectiva película de terror de mediano presupuesto, y se pregunta por qué ya no se hacen más filmes así. No hay nada revolucionario en ella: una historia clásica de una mujer amenazada por fuerzas sobrenaturales, unos buenos sustos, algunos toques de comedia y listo. Efectivísima fórmula para una buena salida al cine.

Sin embargo, casi no existen. Las películas de terror o de superhéroes están tan anabolizadas que un filme de género donde los efectos especiales son relativamente pocos y lo que más llama la atención son los dientes podridos de una vieja gitana o ese vómito verde que larga en la cara de la protagonista se ve como un objeto extraño. Eso es este regreso de
Sam Raimi a sus orígenes: un ejercicio para tomar aire y después retomar la carrera del Hombre Araña.

O tal vez sea un mea culpa de su parte. La historia de una empleada que, buscando ascender un puesto en el banco en el que trabaja, decide negarle una prórroga en el pago de una deuda a una anciana enferma y así la obliga a perder su casa, podría leerse como una crítica a los años de Bush , una mirada sobre la crisis, la búrbuja inmobiliaria y el egoísmo y codicia de esos años infames. Pero también pueden verse como un reconocimiento, de parte de
Raimi, de haber hecho demasiadas concesiones en su carrera reciente (la tercera parte de El Hombre Araña no está ni por asomo a la altura de las anteriores) y haber abandonado "su humanidad", sus orígenes.

A Christine (
Alison Lohman, de Los tramposos y El gran pez), tras "humillar" a la anciana, el mundo se le vuelve inmanejable. Víctima de una maldición llamada Lamia (o tal vez sólo sea culpa), empieza a ser atacada en sueños (y no tanto) por la anciana, que la tortura de distintas maneras. Christine acudirá a un vidente -pese a los consejos de su novio, profesor universitario- e intentará seguir una serie de pasos para escapar de la persecución de la temida Lamia. ¿Podrá?

Raimi dosifica escenas de susto (más asquito que susto, a decir verdad) con otras viradas hacia la comedia. Y la película siempre se mantiene en ese territorio de pequeñas torturas, escapes y confusiones mientras que, paralelamente, la más "realista" historia de la pelea con un colega del banco por el bendito ascenso va complicándose con las cada vez más raras actitudes de la desesperada Christine. Arrástrame..., en un punto, no es más que una cara y muy entretenida película de Clase B. Pero una que cumple todo lo que promete. Literalmente