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21 febrero 2010

Roman Polanski renació en el Festival de Cine de Berlín

Si en la trama de su última película el primer ministro británico contrata a un "autor fantasma" para que termine de escribir sus memorias, ayer, durante la gala de premación de la Berlinale 2010, Roman Polanski se convirtió en el "ganador fantasma" del certamen.

Pese a no estar presente en la ceremonia que dio término a la edición número 60 del Festival de Cine de Berlín, el director franco-polaco fue el protagonista de la velada, quedándose con el Oso de Plata a la Mejor Dirección por "The ghost writer", la película que terminó desde su casa en los Alpes, donde aún cumple arresto domiciliario. "De haber podido, tampoco habría venido a Berlín a recoger el premio. La última vez que fui a un festival a buscar un premio acabé en la cárcel", dijo el cineasta por boca de los productores del filme, Alain Sarde y Robert Benmussa, quienes recibieron el galardón en su nombre.

Con ese mensaje, el director de "Chinatown" revivía su detención en el aeropuerto de Zurich en septiembre del año pasado, cuando se dirigía a recibir un premio honorífico por su trayectoria. En aquella ocasión, Polanski fue detenido por la violación de una menor de 13 años en Estados Unidos durante 1977.

De esta manera, el ganador de un Oscar por "El pianista" vuelve a ser premiado en el festival alemán, donde en 1965 obtuvo el Oso de Plata por "Repulsión", y dos años después el de Oro por "Cul-de-Sac".

Ganadores del Este

Si en 2009 los latinos fueron los triunfadores de la Berlinale -con el filme peruano "La teta asustada"-, este año el jurado del certamen, presidido por Werner Herzog y que incluía a la actriz Renée Zellweger, se inclinó por el cine facturado en los países de Europa del Este.

El Oso de Oro para la Mejor Película fue para el drama turco "Bal" ("Honey"), de Semih Kaplanoglu, mientras que el Gran Premio del Jurado recayó en la rumana "If I want to whistle, I whistle", dirigida por el joven Florin Urban. La Plata a la Mejor Actriz fue para la japonesa Shinobu Terajima, por su papel en el crudo filme "Caterpillar", y el de Mejor Actor fue compartido por el dúo de actores formado por Grigoru Dobrygin y Sergei Puskepalis, de la cinta rusa "Kak ya provel etim letom" ("How I ended this summer").

La política de la corrección
FESTIVAL DE BERLÍN:

A sus 60 años, el Festival de Berlín ha premiado con la galantería de un adulto mayor la corrección política más que la calidad de las películas, pero eso no es cosa nueva en este tipo de gigantescos certámenes que, además de cine, quieren mandar mensajes con ecos sociales y discursos políticos.

El jurado presidido por el venerado director alemán Werner Herzog inclinó la balanza hacia el lado menos probable de esta selección, la película turca "Bal" ("Honey)", una contemplativa historia sobre un niño que se interna en un bosque con rasgos mágicos para buscar a su padre. Tal vez la explicación de este inesperado premio sea un intento por llamar la atención sobre Turquía y limpiar conciencias en el gran tema que significa la inclusión de ese país en la Unión Europea y la siempre polémica inmigración.

Segundas lecturas menos, lo que es claro es el apoyo cerrado del jurado de Herzog hacia su colega el cineasta Roman Polanski, quien sin duda merecía un premio por su correcto desempeño en el thriller "The ghost writer", una película hecha con la moral de los clásicos de la vieja escuela y en la que el director polaco, pese a los derroteros de algunas secciones del filme, muestra notable estado y talento para salir adelante. Premiar a Polanski es un acto político, claro, pero más justificado en el arte que en un simple gesto.

Si hay películas que merecían mejores galardones, como la rusa "How I ended this summer" y sobre todo la rumana "If I want to whistle, I whistle", se tuvieron que conformar con el consuelo de los premios secundarios.

Este año, la Berlinale ha tratado de ser lo más balanceada posible, dejar a todos contentos y satisfechos con la conciencia más liviana. Pero si de cine puro se trata, se echó de menos una mención a la gran labor de la directora argentina Natalia Smirnoff en la notable "Rompecabezas" y a la comedia de buena ley protagonizada por Gérard Depardieu en "Mammuth". Y eso sí que hubiera sido rupturista y más sorpresivo. Galardonar una comedia en una Berlinale seria que entra pontificando a su tercera edad.