
La seducción de lo prohibido y de aquéllo a lo que se debería temer es un gancho para los adolescentes. ¿Por distinto, por desconocimiento o por irresistible?, Bella y Edward se atraen, se buscan. Pero si a él, un muerto vivo que desde hace muchos años sigue teniendo 17, se le fuera la mano en un beso, Bella pasaría a integrar el reino de los vampiros. A ella no le molestaría, pero a él, sí.
Histeria o temor, abstinencia y entrega de la virginidad son temas que aborda Crepúsculo, que atrapa tanto por su historia de amor como por el vampirismo. Una historia romántica con todos los dientes, está destinada a aquellos adolescentes que de chicos tenían la misma edad de Harry Potter y lo siguieron con idéntica pasión.

Vivos o muertos, Edward y Bella son adolescentes con sangre en las venas, y pueden cuestionar muchas cosas, pero nunca los sentimientos que tienen. Así, cómo no iba, Crepúsculo, a ser un éxito entre los adolescentes.
La película, igual que el libro de Stephenie Meyer, tiene dos partes bien diferenciadas. La primera es la presentación de los protagonistas (más el padre de Bella, los compañeros del cole, y los padres y hermanos adoptivos de Edward, todos vampiros) y netamente la más romántica. Es en la segunda, cuando a los jóvenes ya les importa nada el qué dirán -aunque nadie sepa que los Cullen son vampiros, que deciden ser "vegetarianos", como se autodenominan, y no beber sangre humana sino de animales-, el momento en el que la acción y el thriller cobran preponderancia.

Hay apuntes, como que Edward escucha Claro de luna, de Claude Debussy, o el "Recuerda quién eres" del padre médico a Edward, que es idéntico al que le dice el padre muerto a Simba en El Rey león. Detalles.
Tan efectiva como efectista, Crepúsculo tiene asegurado su público. Y es cine de la mejor sangre