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27 marzo 2009

Knowing

Como una explosión de ideas, Cuenta regresiva tiene elementos de la ciencia ficción y el thriller, que combinados dan su cuota necesaria de suspenso e intriga en esta superproducción.

Nicolas Cage es John Koestler, un profesor de astrofísica en el MIT, algo apegado a la botella desde que quedó viudo, pero más a su pequeño hijo. Cuando éste recibe una carta llena de números, dejada en esas cápsulas del tiempo por otra alumna de su colegio 50 años atrás, Koestler cree adivinar que allí se esconde un código. Y lo descifra: son fechas de catástrofes con número de víctimas incluidas. Sí: está el 11 de setiembre, como tantas otras. Lo peor está por venir: hay fechas que se aproximan y nadie, claro, le cree. Si no, no habría película. Apocalipsis ahora...

En su desarrollo, el director Alex Proyas, el mismo de El cuervo y Ciudad en tinieblas, ofrece tres momentos de incuestionable magnetismo. La película tiene dos escenas de catástrofe tan bien presentadas que es imposible sacar los ojos de la pantalla. Y la tercera escena no tiene que ver con ningún accidente, sino con una visita —nocturna— a una casita en medio del campo. Para ponerse los pelos de punta y ahí sí, tratar de mirar para otro lado...

Proyas también parece sentirse subyugado por la premisa de la predeterminación de los hechos (¿hay un orden establecido? ¿puede cambiarse el rumbo de los acontecimientos?) y hasta cuestionar filosóficamente la existencia o no de Dios. La presencia de algunos misteriosos personajes que rodean la casa de papá Koestler y su hijito dan por tierra esta presunción, porque la película —si la predestinación existe— va rumbo a la ciencia ficción más vecina a la acción y el entretenimiento.

A Cage, que está visto puede elegir proyectos que terminan ahogándolo, le sienta bien el papel de hombre-preocupado-convertido-en-héroe-por-las-circunstancias. Lo acompaña Rose Byrne (la australiana de Damages, con Glenn Close) como la hija de aquella alumna que escribió, vaya a saber guiada por qué, esos numeritos, y el niño Chandler Canterbury (Benjamín Button a los 8 años). Los ayuda —a todos— la banda de sonido de Marco Beltrami (candidato al Oscar por El tren de las 3:10 a Yuma) y la iluminación de Simon Duggan (Yo, Robot). Buen pasatiempo con grandes efectos.-