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30 junio 2009

La película sueca que desafía la moda de los vampiros

En un mundo de etiquetas, ¿cuál le viene a Déjame entrar, la película más vista de las que no se han visto? ¿Es una de vampiros? Sí, pero eso es quedarse corto. ¿Es la respuesta escandinava al fenómeno Stephenie Meyer? Se estrenó, para todos los efectos, antes que Crepúsculo y si bien entierra colmillos y les abre una ventana a los sentimientos, no hay acá edulcoramientos románticos, soundtrack adolescente ni recaudos para evitar calificaciones que limiten el tamaño de la audiencia.

La cinta de Tomas Alfredson responde poco y nada a los patrones y convenciones del terror, siendo esencialmente una película sobre un doceañero humillado y ofendido cuyo mundo es iluminado por una niña de su edad. Todo contado con calma y agudeza, en el mundo sombrío de un suburbio de Estocolmo bajo la nieve. Es el universal "chico conoce chica", con la salvedad de que ella es un vampiro. Un mix de emociones y sensaciones como no se ha visto que, al revés de los megafenómenos inducidos globalmente, es una avalancha casi sin proponérselo.

Presentada en mayo de 2008 en Tribeca, el festival de Robert de Niro, Lat den ratte komma in -mejor conocida por el título inglés: Let the right one in- deslumbró al punto de que ahí mismo se cocinó el remake gringo a cargo de Matt Reeves (Cloverfield). Paralelamente, la novela de John Ajvide Lindqvist, que inspira la cinta, lleva meses en la lista de más vendidos del The New York Times. Lo que se dice un golazo que el próximo mes recalará en salas argentinas, sin que en Perú, donde varios la han visto ya en DVD y otros formatos, se defina o descarte un estreno comercial.

SANGRE EN LA NIEVE

Aparte de la fiebre Meyer, está también la serie True blood, de HBO, que va en su segunda temporada, mientras que la hollywoodense Focus Features adelantó que invertirá en otra de vampiros (Thirst, del surcoreano Park Chan-Wook, el mismo de Oldboy). Sin embargo, Déjame entrar redefine pautas y borra fronteras. No calificaría jamás, a diferencia de Crepúsculo, para distinciones como los Teen Choice y sus personajes, doloridos y lacerados, recuerdan menos la onda de la cinta con que normalmente se le coteja, que a Ingmar Bergman.

La cinta cuenta la historia de Oscar (Kåre Hedebrant), colegial tímido, que vive en un suburbio de Blackeberg. Un trío de compañeros de curso ejerce sobre él un bullying sistemático: se burlan, lo amenazan, le pegan. El se lo calla todo pero, en privado, juega con un cuchillo prometiéndose venganza. Hasta que una noche se encuentra con Eli (Lina Leandersson), una nueva vecina, que con temperaturas bajo cero viste manga corta. Y se alimenta de sangre.

Tan perturbadora por sus giros inesperados de género como por las ventanas que abre a vidas mínimas necesitadas de afecto, Déjame entrar no deja de cosechar seguidores entusiastas. Por ahora, no dejan de sorprenderse con una cinta que convoca mucho más de lo que debería. Es parte de su vampírico encanto.