
Tremendamente ambiciosa, la historia abarca un muy amplio arco de edades y estados de ánimo, además de tocar multitud de temas sociales de actualidad (de la homosexualidad a la anorexia pasando por la soledad y el sexo furtivo), pero de todos ellos sale airosa con convicción a pesar de rondar peligrosamente el tremendismo. En cuanto a la puesta en escena, el análisis de la interminable cuesta arriba en la que a veces se convierte la vida está filmado por los directores debutantes con una modernidad no exenta de elegancia: para entendernos, más cercana a Paul Thomas Anderson y a Michael Mann que al habitual cine social europeo