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25 febrero 2009

Guerra de novias: una contienda entre velos y ramos

Una es rubia y creció en una familia de actores famosos de Hollywood. La otra es morocha y proviene de un hogar de clase media de Nueva Jersey. Las dos son actrices célebres y hermosas, pero, en el terreno del amor, ninguna parece haber tenido suerte.

Sin embargo, Anne Hathaway y Kate Hudson demuestran tener un humor y un optimismo a prueba de escándalos amorosos. Incluso se animaron a ponerse el vestido blanco para la comedia Guerra de novias. En la película, Emma (Hathaway) y Libby (Hudson) son amigas de toda la vida que siempre soñaron con casarse en el mítico hotel Plaza de Nueva York. Cuando ambas se comprometen al mismo tiempo, van juntas a ver a la wedding planner más famosa de la ciudad (Candice Bergen), quien les anuncia que quedan pocas fechas disponibles. Un error fatal pondrá a las amigas en conflicto: las dos tienen reservados salones en el Plaza para el mismo día. A partir de entonces, se desatará entre Emma y Libby una verdadera guerra, librada con armas muy femeninas.

Sentada en una suite en un lujoso hotel de la californiana Santa Monica Kate Hudson reflexiona sobre el casamiento: "La idea de celebrar el amor es, probablemente, algo que todo el mundo espera en su vida. Ese es el día en que se supone que tenés que estar celebrando, pero, desafortunadamente, a veces se ve opacado por otras cosas. La otra vez me preguntaron si cuando me casé me había obsesionado por todos los detalles y yo respondí que no. Pero después, mi amiga me dijo: «Te pasabas quejándote de que Chris [Robinson, el ex marido de Hudson] no hacía nada, que tu mamá te estaba volviendo loca?». Ahí me di cuenta de que había bloqueado todo eso", cuenta, riéndose.

La actriz de Cómo perder a un hombre en 10 días ya pasó por el casamiento y también por el divorcio, pero su coprotagonista todavía no tuvo esa experiencia. "No sé si quiero casarme algún día. Si conozco a alguien que me inspire lo suficiente como para firmar un contrato, absolutamente. Pero hasta ahora no pasó", dice la actriz. La joven, que se hizo famosa por sus papeles en El diario de la princesa y El diablo viste a la moda , se vio envuelta en un escándalo el año pasado cuando su novio, el italiano Rafaello Follieri, con quien mantenía una relación desde hacía cuatro años, fue sentenciado a prisión por fraude y lavado de dinero, entre otros cargos.

A pesar de esta desagradable situación, que la ubicó en las páginas de la prensa amarilla de la que se había mantenido alejada hasta entonces, Hathaway sigue siendo optimista en lo que respecta al amor: "Vengo de una familia de muy buenos matrimonios y no estoy peleada con el concepto del casamiento, simplemente no tengo idea de si es lo que quiero. Siempre pensé que sí, pero en este punto de mi vida se pueden imaginar por qué, me estoy cuestionando todo".

Problemas reales

Hudson, quien también fue blanco de varios rumores cuando se divorció de Robinson y cuando Owen Wilson intentó suicidarse tras la ruptura de su relación, tampoco pierde el optimismo. "Veo la vida como una serie de lecciones que aprendés. Experimentás amor, decepción, dolor. Si te volvés cínico suprimís toda la pureza de esas emociones."

Si el matrimonio es algo que no descartan, pero que tampoco les parece imprescindible, los hijos y el formar una familia son muy importantes para ambas. "¡Mis padres me han dado tanto amor! -dice Hathaway-. Eso me permitió superar todo. El año pasado, aprendí lo importante que son los buenos padres. Espero ser una buena madre algún día." La maternidad es algo que Hudson ya está experimentando con su hijo Ryder. "Mis padres fueron muy estrictos y aun así son mis personas preferidas y tenemos una gran relación. Mi mamá [Goldie Hawn] me dijo algo muy bueno: que una vez que tus hijos nacen ya no te pertenecen. Así que tenés que prepararlos. Les das todo el amor del mundo, pero tenés que ser firme."

Ambas actrices, que demuestran una gran franqueza a la hora de hablar sobre sentimientos, comparten el aprecio por la honestidad como uno de los valores más importantes del ser humano. "La honestidad es algo muy importante en las relaciones con la personas", sentencia Hathaway, acompañando su frase con una sonrisa triste que expresa cierta herida aún no cerrada del todo. "Cualquier relación, con un hombre o una mujer, comienza con la honestidad. Eso es lo que te hace respetar realmente a una persona", coincide Hudson.

Justamente la honestidad es una de las cuestiones que se ponen a prueba en la relación de las amigas que interpretan Hathaway y Hudson, cuando se embarcan en una guerra sin piedad. Ambas actrices juran que este tipo de traiciones no tienen lugar en sus amistades de la vida real. "Nunca podría tener amigas que no tuvieran otra cosa que buenas intenciones", dice Hudson.

Hathaway confiesa que no se pelea mucho con sus amigas: "Soy muy paciente y no pierdo fácilmente el control. Se necesita mucho, pero mucho, para hacerme enojar. Y cuando lo hago es como un volcán en erupción: es desordenado y rápido